Cuando tenemos algún dolor, automáticamente nos llevamos la mano a ese lugar intentando aliviar el dolor. Con ese acto, sin darnos cuenta, estamos aplicando Reiki, una terapia milenaria japonesa para sanar a través de las manos.

El reiki, significa ‘energía universal’, consiste en canalizar a través de las manos una energía, que está fuera, hacia uno mismo o hacia otras personas para aliviar enfermedades físicas o equilibrar emociones. Además, cualquiera puede practicarlo o recibirlo, ya que es una técnica que se puede aprender.

Esta práctica de canalizar energía fue rescatada en 1920 por el doctor Usui, un monje y catedrático japonés al que se considera el primer maestro reiki. El Reiki parte de la premisa de que el ser humano es todo energía. El reiki afirma que cuando la energía se bloquea, por cualquier circunstancia, es cuando se produce una enfermedad. La imposición de las manos hace que la energía que canalizamos desbloquee ese ‘nudo’ que impide que la energía fluya y así devolver el equilibrio al organismo. Además no tiene contraindicaciones.

El reiki no sólo es compatible con cualquier tratamiento médico, sino que además actúa como complemento. No debe suspenderse ninguna medicación para sustituirla con esta técnica. Además, está reconocida como terapia alternativa por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En España, ya se aplica en varios hospitales gracias a los buenos resultados que se han observado en los pacientes. Se utiliza en pacientes de cáncer ya que ayuda al organismo a soportar la quimioterapia.

 

El Reiki sirve para equilibrar muchas enfermedades, tanto físicas como emocionales. Puede aliviar e incluso curar dolores crónicos como la artritis, reuma o migrañas. También acelerar la recuperación de lesiones óseas y musculares, ayudar al organismo a combatir infecciones o mitigar el estrés y la ansiedad.

Como todas las técnicas orientales, el Reiki no distingue entre cuerpo y espíritu. Así, los maestros mantienen que las enfermedades son consecuencia del desequilibrio entre alma y cuerpo. Este asombroso poder de autocuración del ser humano se pierde con los años.

Como terapia energética el reiki no está vinculado a ninguna ideología ni religión. Los que lo practican aseguran que cuanto más reiki haces, mejor te sientes. Aunque todavía muchos se resisten a creer que el poder está en la palma de su mano.

¿Cómo es una sesión de Reiki?

Una sesión de reiki suele durar 45 minutos. El paciente se acuesta en una camilla en un ambiente tranquilo mientras el maestro aplica sus manos en distintas zonas de su cuerpo. Hay doce posiciones de manos, se empieza por la cabeza (nuca) y se termina con las plantas de los pies, reequilibrando todos los chakras. Durante la sesión, es habitual que el paciente se quede dormido o entre en profunda relajación. Tras el tratamiento, se recomienda beber mucha agua. Es normal que se produzca lo que se denomina ‘crisis de sanación’, un empeoramiento temporal de los mismos síntomas que se tratan. Es momentáneo y responde a la liberación de toxinas de nuestro cuerpo.

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