¿Drenaje Linfático? ¡Sí!

Una de las técnicas poco conocida todavía hoy, por los profesionales de las terapias manuales, es el drenaje linfático manual (DLM).

Ideado como método, por Emil Vodder, el DLM supone el mejor de los sistemas para facilitar la circulación de la linfa, a través de sus vías naturales, y de estimular la acción depuradora de los aproximadamente 600 ganglios, repartidos estratégicamente e lo largo de nuestro organismo. El DLM es una técnica laboriosa que requiere un aprendizaje concienzudo y una enseñanza bien dirigida. Saber el sentido de los fluidos linfáticos, y en especial la presión a ejercer en cada movimiento y la cadencia de éstos, son conocimientos indispensables, que exigen una práctica persistente, para hacer del DLM una técnica eficaz para recuperar al paciente.

Del DLM se sabe que es útil en la eliminación y mejora de linfedemas, pero hay más…el DLM es aplicable, con muy buenos resultados, en unas 70 dolencias diferentes en el ámbito del deporte, la salud y la estética. Es una técnica única para desinflamarse, calmar el dolor y recuperar tejidos dañados en lesiones y poscirugías agudas (recién sufridas). Roturas fibrilares, esguinces, hinchazones, hematomas, liposucciones, etc., se verán beneficiados de inmediato por la acción del DLM. Sin olvidar, por supuesto un gran número de afecciones crónicas no infecciosas. Los linfoterapeutas son parte del equipo médico-deportivo-estético y sistemas sanitarios en muchos países de Europa y muy poco a poco en España.

Pero una de las virtudes, de capital importancia del DLM es la capacidad depuradora del líquido intersticial; lugar en el que viven nuestras células. Aquí, en estos espacios, compuestos de electrolitos, agua, sales minerales, ácido hialurónico, moléculas de azúcares y proteínas, nuestras células respiran, comen y se reproducen…, y también excretan. La vida celular no solo depende del oxígeno y los nutrientes que les llega a través de los capilares sanguíneos, pues como nosotros, una vez que respiran y se alimentan, las células eliminan CO2 y sustancias de desecho que vierten en el mismo lugar en el que viven, los espacios intersticiales. Éste lugar se convierte a la vez en comedor y cloaca par nuestras células. Y si lo que eliminan no se absorbe correctamente por los sistemas venoso y linfático, se creará un caldo de cultivo idóneo para la proliferación de agentes patógenos en nuestro cuerpo…

Es aquí en éstos casos, donde el DLM se convierte en una técnica de prevención eficaz, y una terapia delicada y potente que descarga nuestro organismo de toxinas. Al mejorar éstas situaciones de obstrucción, sobrecarga y saturación linfática, permitiremos que nuestras células respiren, se alimenten y se reproduzcan mejor, en un ambiente libre de residuos perniciosos, lo que garantizará una mejora general de nuestra salud.

Y por último, aunque podríamos escribir mucho más, el DLM potencia nuestro sistema inmune mediante la estimulación de los linfocitos T y B. Glóbulos blancos presentes en sangre, linfa, ganglios linfáticos, timo, bazo, intestino y médula ósea, con un importante papel inmunológico. Los linfocitos T (células asesinas, cooperadoras, etc.) son los principales responsables de la inmunidad celular. Los linfocitos B producen anticuerpos específicos y guardan memoria contra elementos dañinos para nuestro cuerpo. El DLM favorece la formación de ambos mediantes la estimulación de los ganglios linfáticos, contrarrestando la amenaza de virus, bacterias, parásitos y toxinas.

Siempre que no existan procesos patológicos de los ganglios y el DLM no suponga una contraindicación, de las que el linfoterapeuta debe estar al tanto, podemos beneficiarnos del efecto saludable y sumamente relajante de ésta técnica manual sin parangón.

 

Tomás Jordán Baeza.

Linfoterapeuta Vodder.